Para no desentonar, sigamos con Moisés, ya que esta película es como una continuación a la anterior. Así pues, después de que Moisés logró liberar a todos los esclavos de Egipto se interna con ellos en el desierto y como cosa rara siempre están los inconformes que no pueden llevar la fiesta en paz y a toda hora viven sembrando la cizaña, más que se estaban muriendo de hambre y de sed.

Pero sin bajar los ánimos y con la fe puesta en el de arriba Moisés trata de darles palabras de aliento y de arriba les llueve maná y consiguen agua. Que está contaminada, pero él la limpia y todos pueden saciar el hambre y la sed y les dice que cada día Dios velará porque no les falte nada, solo tienen que tener fe, pero no contaban con los Malabitas, habitantes del desierto que no estaban dispuesto a compartir el espacio con ellos y empiezan a matar a los hebreos que como no se sabían defender ni pelear pues durante 40 años solo fueron esclavos (otra vez). Les tocó ponerse las pilas y aprender a pelear por sus vidas y la de sus familias, estando así las cosas se pusieron trucha y hasta las mujeres aprendieron a defenderse y ahí si fue otro paseo, ya cuando los quisieron atacar se encontraron con un ejército que se les enfrento y con la ayuda del de arriba que le gustaba las gazaperas, salieron victoriosos.

Siguieron caminando por el desierto sin saber para donde iban, cosa tan horrible esa incertidumbre y mucho aguante de la gente, el seguir a alguien sin saber a dónde iban a poner el huevo, por lo tanto no se podía evitar que la gente murmurara y quisiera saber para dónde los llevaban. Hasta que Dios le habló a Moisés y lo hizo comprometer con su gente que solo lo seguirían a él y que serian incondicionales, pues todos dijeron que si, pero apenas Moisés les dio la espalda y subió al monte por las tablas de los mandamientos, cuando bajó ya todos estaban en un completo desorden y habían hecho un becerro de oro y lo estaban adorando con guachapita y todo.

Fue tanta la desilusión de este pobre que tiro las tablas contra el becerro y a todos los que no estaban con él, los mandó a pasar al papayo, quedando unos pocos a los cuales les hizo jurar fidelidad, ya que Dios se había enojado mucho y no quería saber nada de ellos. A duras penas siguieron caminando por el desierto durante otros 40 años, que cosita con este señor de cuarenta en cuarenta los vuelve viejos y cuando a él le dio la gana de medio perdonarlos volvió a darles las tablas de los diez mandamientos a Moisés, a ver si así se organizaban un poquito por qué no sabían ni porque se podía o no castigarse entre ellos mismos. Eso era un desorden peor que él que vivimos hoy día, antes por lo menos era por la ignorancia, hoy es porque se sabe pero igual no importa violar las leyes.

De todas maneras Moisés no alcanzó a llegar a la tierra prometida, Dios solo le permitió que la viera de lejos antes de morir, pues parece que no le perdonó del todo la desobediencia de su pueblo.

Dirección: Cecil B. DeMille
País: Estados Unidos
Año: 1956
Duración: 220 min.
Intérpretes: Charlton Heston, Yul Brynner, Anne Baxter, Edward G. Robinson, Yvonne De Carlo, Debra Paget, John Derek, Cedric Hardwicke, Nina Foch, Martha Scott, Judith Anderson, Vincent Price, John Carradine

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